viernes, 23 de septiembre de 2011

CORTO Y LARGO PLAZO

En Economía una de las distinciones más habituales que se suele hacer es entre corto y largo plazo, como entre micro y macro. No hace mucho (en mi época de estudiante, sin ir más lejos) se solía aceptar que los períodos menores que un año eran corto plazo, y el resto, todo aquello que superaba el año, era largo plazo. En los análisis de la crisis que nos hemos acostumbrado a ver en los últimos tiempos se habla mucho de que hay que tomar medidas que, aunque van a ser muy dolorosas a corto plazo, a la larga serán beneficiosas porque permitirían que la economía creciese de forma más estable y sana.

La realidad, como siempre, no es tan simple. La percepción del tiempo, se sabe desde Einstein y Proust, es absolutamente flexible. Un viajero a la velocidad de la luz tendría una perspectiva del tiempo absolutamente diferente, aunque el mismo efecto se puede conseguir observando la famosa madalena o escuchando una charla de Punset. Parece un signo característico de nuestra época, que además se da con cada vez mayor intensidad, que las cosas envejecen más rápido, y lo que ayer estaba de moda, hoy es ya un vestigio del pasado. Todo nace con el único objetivo de morir enseguida y dar paso a lo siguiente, y por ello no hay apenas reflexión. Todo es presente, como en los niños que al ver que todo se cubre de nieve piensan que ya siempre será así, sin darse cuenta de que de nuevo llegará la primavera. Hoy día nos creemos toda afirmación catastrofista de cualquier periodicucho o tertuliano apocalíptico, cuando bastaría que cada uno recordase sus propias experiencias pasadas para ver que tras la tempestad siempre viene la calma (perdón por el tópico).

Los operadores de los mercados (en propiedad de los mercados financieros) viven de esa permanente confusión temporal que afecta a la mayoría de la gente común. Por eso provocan el caos un día, con ventas desaforadas, para comprar al día siguiente mucho más barato lo que vendieron antes (exactamente lo mismo). Es la lógica del mercado, que sólo funcionaría de acuerdo a la teoría si fueran perfectos. Legiones de analistas, comentaristas, periodistas y otros istas nos bombardean diariamente con informes técnicos, predicciones y recomendaciones, que al día siguiente cambian totalmente de signo sin que nadie parezca caer en la cuenta de la contradicción y el absurdo. En el ínterin, estos expertos a sueldo permiten a sus dueños la ganancia de fortunas enormes con el "hundimiento" de los mercados.

No se equivoquen, soy partidario del libre mercado, aquél en el que no ocurren estas manipulaciones que se basan, sobre todo, en la falta de transparencia. En el mundo real, millones de personas se empobrecen, económica y moralmente, en nombre de la ortodoxia de fondos monetarios internacionales y bancos centrales, que no tienen empacho en emitir (imponer) políticas que una y otra vez se demuestran equivocadas. Lejos de admitir el error, y no digamos ya de pedir perdón por ello, siguen pontificando, con la seguridad de los biempensantes y la superioridad de un padre benévolo.

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