viernes, 30 de septiembre de 2011

La nave de Correos


Nave de paquetería y correos de una estación de RENFE, hoy abandonada. Sobrecoge pensar en todas las infraestructuras públicas que han quedado en desuso, desperdiciadas. Vestigios de una época que se marcha.

El tractor


¿Cuándo dejó de funcionar? Las cosas nos sobreviven en muchos casos.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Recortes

Una de las consecuencias más visibles de la crisis, que recordemos que dura ya cuatro años, es que ahora todo el mundo parece tener nociones de economía. PIB, déficit público, deuda, rating, hedge funds, swaps, hipotecas subprime, consolidación fiscal... son conceptos que en mayor o menor medida estaban fuera del conocimiento y de las conversaciones de la mayoría de la gente. Muchos lo consideraban incluso de mal gusto, del mismo modo que hablar de política. Ese desinterés era consecuencia de distintos factores, de los que en mi opinión el más determinante era el largo período de prosperidad y bienestar, que con escasos altibajos se prolongaba en Europa y EEUU desde la 2ª Guerra Mundial, y que ayudó también a nuestro país tirando del mismo a partir de diversas palancas (Plan de Estabilización de 1959, Pactos de la Moncloa, entrada en la Comunidad Europea con sus correspondientes fondos de cohesión). La mente colectiva era así en 2007 un gran lienzo en blanco, en el que todo tipo de ideas podían ser acogidas como necesarias respuestas al torrente de dudas y preguntas que empezaban a plantearse. Muchos aprovecharon con rapidez la circunstancia para enriquecerse escribiendo libros que supuestamente ofrecían explicaciones, respuestas, en lenguaje sencillo, "para que todo el mundo lo entienda", demagógicos en definitiva. Recetas de todo tipo, remedios infalibles, herederos de los charlatanes de feria.
En toda esta maraña, una idea madre se abre paso como resumen de todas ellas: la austeridad. La crisis es consecuencia del despilfarro, sobre todo de los gobiernos (da igual que sean nacionales, supranacionales, locales o regionales, ni uno sólo ha sido capaz de hacer las cosas bien, todos "sin excepción" han despilfarrado; ya suena un poco extraño), aunque también de las familias y las empresas. Por tanto, la solución es poner fin a ese despilfarro, administrando los gastos como un buen padre de familia.

El principal defecto de este análisis es que es mentira. Si bien es cierto que se han cometido abusos en gastos del sector público, no es menos cierto que esta ola de ajustes que estamos sufriendo lo único que no toca son esos gastos superfluos, centrándose por el contrario en Educación y Sanidad, pilares de la sociedad común que nuestros padres construyeron con mucho esfuerzo, aquellos que decían que querían un futuro mejor para sus hijos. La causa de la crisis, o más bien su detonante, ha sido el exceso de apalancamiento, fundamentalmente del sector privado. ¿Y quién ha provocado tal cosa? Tan culpable es el que presta como el que toma prestado, se dice con algo de razón, pero no se puede obviar que el sistema financiero tiene la sartén por el mango. La historia de los cracs financieros no se limita a los últimos cien años, sino que es tan vieja como el comercio. En todos los casos el mecanismo es similar, y resumiendo mucho se puede explicar por el peso de las expectativas en la toma de decisiones por los sujetos económicos, que provoca excesos de capacidad y de oferta. Cuando se hace patente que la demanda no puede sostener esos excedentes financiados con deuda, cualquier chispa hace estallar el sistema. La dinámica positiva se convierte así en un círculo vicioso, que se ve acentuado por decisiones políticas como la de la austeridad a toda costa, que lo que hacen es debilitar aún más la economía.

La solución la dió Keynes hace ya más de 75 años. En otros posts hablaremos de ello.

martes, 27 de septiembre de 2011

Sociedad Civil

¿Será el Fondo de Rescate la solución? Esta pregunta se la hacen muchas personas que asisten, asistimos, enmudecidos al espectáculo diario, cuando no horario, de noticias sobre las negociaciones de los políticos europeos. Los herederos de las viejas civilizaciones griega y romana se ven estigmatizados por sus vecinos del norte, a los que supongo que verán como aquellos bárbaros inhumanos y sucios de hace tantos siglos, mientras que estos últimos no dudan que los del sur son decadentes y vagos.

En el fondo de toda esta cuestión tal vez latan muchas emociones, azuzadas convenientemente en función de intereses espúreos. No ocurre sólo en Europa, eso es cierto, pero es en Europa donde la debilidad de las instituciones y de la sociedad civil ofrece más oportunidades a los buitres que se lucran con la desgracia. Lo acaba de declarar un broker en Londres, los políticos no gobiernan el mundo, lo hace Goldman Sachs.

En este contexto, es dudoso que la pregunta planteada al inicio se pueda responder afirmativamente. El debate necesario sobre cuáles deben ser las medidas económicas y políticas necesarias para superar la crisis y afrontar el futuro no está siendo abordado, y en su lugar sólo se habla de las condiciones que deben cumplir los morosos para que se les afloje un poco la soga, dando por sentada la incontestable necesidad del déficit cero y la austeridad fiscal a toda costa. Y es incontestada porque se nos impone desde todos los foros, ya sea en las muy serias conferencias internacionales o en las tertulias y libros más populistas y demagógicos. Una vez más, se intenta evitar por todos los medios que las personas piensen por sí mismas. La ampliación del Fondo de Rescate no hará más que aumentar el festín de los especuladores, y profundizar en la recesión. El dinero fácil será atesorado, no puesto en movimiento, con lo que el efecto logrado será el contrario al buscado, ahondando en una dinámica viciosa.

Una vez más, se antoja indispensable el reforzamiento de una Sociedad Civil que promueva la discusión y la iniciativa, del tipo que sea. Lo importante es que las medidas no sean de un signo político u otro, sino que los ciudadanos pensantes razonen sobre las consecuencias de las diversas alternativas, sin dejar que la escena esté dominada por unas pocas voces: banca, partidos políticos, representantes religiosos. Se necesita poner en marcha la maquinaria de una sociedad civil efectiva, y yo, por mi parte, me comprometo en este blog a hacer propuestas que al menos puedan ser discutidas.

domingo, 25 de septiembre de 2011

La vendimia




Fin de semana en Valdepeñas invitados por Raúl y Sonia. Hospitalidad y generosidad son palabras que se suelen aplicar en estos casos, pero no hacen suficiente justicia al trato amoroso y desprendido de esta pareja especial. Para un urbanita como yo, las oportunidades de tener un auténtico contacto con la naturaleza son escasas, y el espectáculo de la vendimia en La Mancha te pone en otra dimensión, la del esfuerzo y la pasión de personas que ponen su vida y lo mejor de su trabajo e inteligencia en sacar adelante un proyecto ligado a la tierra y a la tradición de generaciones anteriores.

Además, los que estamos acostumbrados a la frialdad de unos números en una pantalla de ordenador, hemos olvidado que en todos los casos esos números tienen detrás ese esfuerzo. Personas que trabajan bajo un sol de justicia, a menudo también de noche bajo un manto de estrellas como no podemos imaginar, hacen viable el funcionamiento de una economía cada vez más maltrecha, engañada por el espejismo del dinero fácil. Estas personas son las que reclaman una ayuda, y la reclaman ya, no para dentro de una década. Estas personas son la economía real.

Sólo me queda esperar que nos arrastren con su ejemplo, y quizá de ese modo podamos salir adelante.


viernes, 23 de septiembre de 2011

CORTO Y LARGO PLAZO

En Economía una de las distinciones más habituales que se suele hacer es entre corto y largo plazo, como entre micro y macro. No hace mucho (en mi época de estudiante, sin ir más lejos) se solía aceptar que los períodos menores que un año eran corto plazo, y el resto, todo aquello que superaba el año, era largo plazo. En los análisis de la crisis que nos hemos acostumbrado a ver en los últimos tiempos se habla mucho de que hay que tomar medidas que, aunque van a ser muy dolorosas a corto plazo, a la larga serán beneficiosas porque permitirían que la economía creciese de forma más estable y sana.

La realidad, como siempre, no es tan simple. La percepción del tiempo, se sabe desde Einstein y Proust, es absolutamente flexible. Un viajero a la velocidad de la luz tendría una perspectiva del tiempo absolutamente diferente, aunque el mismo efecto se puede conseguir observando la famosa madalena o escuchando una charla de Punset. Parece un signo característico de nuestra época, que además se da con cada vez mayor intensidad, que las cosas envejecen más rápido, y lo que ayer estaba de moda, hoy es ya un vestigio del pasado. Todo nace con el único objetivo de morir enseguida y dar paso a lo siguiente, y por ello no hay apenas reflexión. Todo es presente, como en los niños que al ver que todo se cubre de nieve piensan que ya siempre será así, sin darse cuenta de que de nuevo llegará la primavera. Hoy día nos creemos toda afirmación catastrofista de cualquier periodicucho o tertuliano apocalíptico, cuando bastaría que cada uno recordase sus propias experiencias pasadas para ver que tras la tempestad siempre viene la calma (perdón por el tópico).

Los operadores de los mercados (en propiedad de los mercados financieros) viven de esa permanente confusión temporal que afecta a la mayoría de la gente común. Por eso provocan el caos un día, con ventas desaforadas, para comprar al día siguiente mucho más barato lo que vendieron antes (exactamente lo mismo). Es la lógica del mercado, que sólo funcionaría de acuerdo a la teoría si fueran perfectos. Legiones de analistas, comentaristas, periodistas y otros istas nos bombardean diariamente con informes técnicos, predicciones y recomendaciones, que al día siguiente cambian totalmente de signo sin que nadie parezca caer en la cuenta de la contradicción y el absurdo. En el ínterin, estos expertos a sueldo permiten a sus dueños la ganancia de fortunas enormes con el "hundimiento" de los mercados.

No se equivoquen, soy partidario del libre mercado, aquél en el que no ocurren estas manipulaciones que se basan, sobre todo, en la falta de transparencia. En el mundo real, millones de personas se empobrecen, económica y moralmente, en nombre de la ortodoxia de fondos monetarios internacionales y bancos centrales, que no tienen empacho en emitir (imponer) políticas que una y otra vez se demuestran equivocadas. Lejos de admitir el error, y no digamos ya de pedir perdón por ello, siguen pontificando, con la seguridad de los biempensantes y la superioridad de un padre benévolo.

jueves, 22 de septiembre de 2011

No lo he escrito antes en este blog, pero debo decir que estoy en paro. Hace ya seis meses que una reorganización tras la compra de mi empresa me puso en la calle, y desde entonces he intentado por todos los medios reincorporarme al mundo laboral, sin éxito. A los que estamos en esta situación se nos intenta animar desde todos los ámbitos, tanto la familia como los amigos, pero también de forma genérica, los políticos, los responsables de recursos humanos y los escritores de libros de autoayuda. Casi todos coinciden en que hay que tener paciencia y, sobre todo (esto es importantísimo), hay que tener una "actitud positiva". Proliferan los "coachs", profesionales o no, que no paran de repetir como un mantra frases que te quieren convencer de que si piensas mucho en una cosa, al final se cumple.

Esto de tener que ser positivo, optimista y feliz por obligación no es una cosa nada fácil, sobre todo cuando ves que a pesar de tu sonrisa, el saldo de la cuenta bancaria cada vez está más cercano a 0, tus hijos se preguntan extrañados cómo es que su papá va ahora tanto a recogerles a la salida del cole, y todos te dicen que no entienden cómo alguien con tu currículo no es capaz de conseguir trabajo. Casi parece que te están culpabilizando.

Lo cierto es que las dos virtudes que se nos piden, paciencia y fe, están muy sobrevaloradas. En el primer caso basta con ser consciente de la fugacidad del tiempo; en el segundo, quién no ha tenido suficientes experiencias negativas como para saber que no mueve montañas.

¿Qué hacer? Tendré que ser positivo.

martes, 20 de septiembre de 2011

Vivimos bajo la tiranía de los hombres sabios, los mismos que no supieron decirnos antes que lo que estábamos haciendo estaba mal, y que ahora están completamente seguros de lo que tenemos que hacer para salir del agujero en el que solitos nos hemos metido.
El señor Trichet es un hombre sabio, y ha dicho hoy que España debe hacer más reformas estructurales, que lo hecho hasta ahora está muy bien, pero que no es suficiente. Nadie sabe exactamente qué significa "estructural", y yo casi dudo de lo que significa "reforma", pero distingo perfectamente a un hombre sabio de un memo. El señor Trichet, además de sabio y de vivir con un confortable salario de sabio internacional, es francés, y no por casualidad Francia y Alemania, los dos países (exceptuando a Grecia) que más veces han incumplido el pacto del euro, no tienen que hacer reformas estructurales. España, junto con Irlanda, disfrutó de superávits públicos hasta 2008, y entonces nadie supo que teníamos un problema estructural, pero se ve que, como en las casas viejas, el mal estaba oculto.
Quizá lo que ocurre es que yo no soy sabio, pero al menos sé que tampoco soy memo.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Empieza a ser peligroso dejar Europa en manos de banqueros, economistas y políticos. Muy peligroso. Lo ha dicho John Banville, y no le voy a llevar la contraria. Los que tenemos sobre nuestra conciencia la pesada carga de una de esas tres condiciones (en mi caso la segunda), somos culpables de buena parte de lo que ha ocurrido en este mundo nuestro en los últimos años.

Son muy diversas las causas del desastre que ahora vivimos, y la inconsistencia de las teorías económicas no es la menos importante. El mayor obstáculo para que la economía sea considerada una ciencia es la estrecha relación que tiene con los intereses de todo tipo de agentes, fundamentalmente políticos y sociales, pero también religiosos, militares o profesionales. Ello sin embargo no significa que la economía no haya avanzado desde los tiempos de Adam Smith, y estoy casi seguro que de las llamadas ciencias sociales es de largo la que mayor evolución ha tenido. Hoy día tenemos los conocimientos suficientes para prevenir con ciertas garantías los efectos nocivos de los ciclos económicos, y se han desarrollado los instrumentos que permiten evitarlos, o si ya se han producido, de mitigarlos y recuperar los niveles de actividad y bienestar. Si no se aplican es por la predominancia de las ideologías.

viernes, 16 de septiembre de 2011

HITCH-22 Memorias de Christopher Hitchens, escritor y periodista inglés, o anglonorteamericano, como él mismo dice que aspira a ser. Recorre fundamentalmente los hechos que han marcado su evolución personal desde el punto de vista político, y lo hace con una brillantez lingüística absoluta. Es un polemista nato, que no desaprovecha ocasión alguna de entrar en un buen debate, y que se define a sí mismo por sus amigos, los que siguen siendo y los que ya no lo son: Martin Amis, Salman Rushdie, Edward Said, James Fenton. Para mí es un ejemplo de lucidez y de honestidad moral. Se le intenta definir como ateo, como si eso fuese una categoría equivalente a bicho raro, pero lo cierto es que sus ideas y la defensa que hace de ellas son las herederas del humanismo que renació en el siglo XV en Italia y políticamente desembocaron en las revoluciones del XVIII, fundamentalmente la revolución americana. Eso le contrapone a la visión judeocristiana que pone al hombre por debajo de un ser superior. La existencia del mismo es rebatida por Hitchens en otros libros, y sus argumentos molestan en estos tiempos amantes del victimismo, pero a él, como creo que a mí también, le importa un bledo.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Se vuelve a hablar ahora de la sociedad civil, como el remedio de todos los males, y lo curioso es que se invoca desde posiciones políticas muy alejadas entre sí, por no decir que opuestas completamente. Esto puede significar que algo tendrá el agua cuando la bendicen, aunque me inclino más bien a pensar que la traducción que cada uno hace del concepto es distinta y apropiada a sus intereses. Yo creo, y esto lógicamente es otra personalización, la sociedad civil no puede crearse por sí misma, sino que, paradójicamente, ha de ser ayudada por los que están fuera de ella, esto es, los políticos. Es el propio régimen el que, reformándose, modificando la Constitución, generando leyes, cree los cauces para el desarrollo de la conciencia crítica que parece indispensable.